Dr. Miguel Ángel Llaneza GonzálezDr. Miguel Ángel Llaneza González
14 Enero 2022

¿Tratarme o no tratarme?

¿Tratarme o  no tratarme?

Artículo escrito por el Dr. Miguel Ángel Llaneza González. Jefe de Servicio de Neurología. Área de Gestión Clínica de Neurociencias, Hospital Universitario Central de Asturias, Oviedo.


La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune y de causa desconocida, aunque se sabe que afecta a individuos genéticamente predispuestos sobre los que actuarán diferentes factores ambientales, ocasionándose así el desarrollo de fenómenos inflamatorios y degenerativos que afectan al sistema nervioso central (SNC) y que son los responsables de la actividad clínica que denominamos “brotes” o “recaídas” y del acúmulo de “discapacidad” física y cognitiva, que desarrollarán muchos de los pacientes con el paso del tiempo.

 

Tratamiento específico para la EM

Hasta el año 1993 no se dispuso de ningún tratamiento aprobado específicamente para la EM, de manera que se realizaron múltiples intentos terapéuticos que no aportaron ningún resultado beneficioso y que, además, en muchas ocasiones, ocasionaban efectos adversos que podían ensombrecer, más aún, el curso evolutivo propio de la enfermedad, siendo este el motivo por el que los pacientes se encontraban abocados a sufrir la evolución natural de la EM que, como hemos señalado anteriormente, en la mayoría de los casos consistía en un empeoramiento neurológico inexorable y una reducción manifiesta de la esperanza de vida de los enfermos.

Los primeros fármacos que parecieron mostrar cierta efectividad en el tratamiento de la EM fueron algunos inmunosupresores, , utilizados en otras enfermedades de base autoinmune, pero fueron abandonándose dado su desfavorable perfil de beneficios/riesgos.

 

Como si de un traje a medida se tratara

La aprobación en 1993 del primer fármaco para el tratamiento de las formas recurrentes remitentes de la esclerosis múltiple (EMRR) supuso una auténtica revolución para los pacientes porque, por primera vez, disponían de un fármaco que demostraba eficacia en la reducción de la tasa de brotes y de aparición de nuevas lesiones desmielinizantes en los estudios de resonancia magnética.

A partir de entonces, y hasta el momento actual, han aparecido otras muchas moléculas para el tratamiento de la EM, con diferentes mecanismos de acción, formas de administración y perfiles de eficacia y seguridad, lo que nos ha permitido estar en disposición de escoger, como si de un traje a medida se tratara, el tratamiento más adecuado para cada uno de los pacientes teniendo en cuenta no únicamente su tipo de enfermedad (síndrome desmielinizante aislado, recurrente remitente, primaria progresiva, secundaria progresiva) si no también el grado de actividad de la misma o las características propias del paciente, independientes de la enfermedad, como su estilo de vida o sus deseos gestacionales.

A lo largo de estos últimos casi 30 años de historia terapéutica específica de la EM se ha demostrado que los fármacos especialmente diseñados y aprobados para su tratamiento han cambiado la historia natural de la enfermedad de manera que, a pesar de sus complejos mecanismos fisiopatológicos y de la impredecible evolución que puede tener en cada uno de los pacientes, los estudios realizados en grandes grupos poblacionales evidencian que los pacientes tratados tienen muchos mejores resultados a corto y medio plazo, y probablemente también a largo plazo, en aspectos de discapacidad, calidad de vida o laborales, que aquellos que no reciben ningún tratamiento inmunomodulador o inmunosupresor.

La labor principal de los neurólogos que tratan pacientes con EM es transmitir con detenimiento a los enfermos los múltiples beneficios de un abordaje terapéutico oportuno y precoz de la enfermedad, sobre todo en las fases iniciales cuando, con cierta frecuencia, los pacientes no se encuentran convencidos de estos potenciales efectos beneficiosos dado que no tienen aún ninguna discapacidad neurológica evidente y suelen haberse recuperado sin secuelas de los primeros brotes agudos.

Por tanto, y a modo de conclusión, en el momento actual y después de casi 30 años analizando los diversos aspectos relacionados con la historia evolutiva natural de la enfermedad, nos encontramos en disposición de afirmar que todos los pacientes con EM han de recibir tratamientos específicos y, además, hacerlo tan pronto como sea posible porque los fármacos han demostrado no solamente ser eficaces si no que estos efectos beneficiosos son mayores cuanto más precozmente se utilizan, permitiendo que los pacientes tengan una esperanza de vida prácticamente similar a la de la población normal y puedan desarrollar, con las menores limitaciones posibles a lo largo de la evolución de la enfermedad, sus ocupaciones profesionales, deseos genésicos, actividades de ocio y relaciones sociales y familiares.

Puntos clave

En los últimos 30 años ha cambiado y mucho la historia natural de la EM, debido sobre todo a la aparición de fármacos especialmente diseñados y aprobados para esta indicación.

El neurólogo debe transmitir con detenimiento a sus pacientes los múltiples beneficios de un abordaje terapéutico oportuno y precoz de la enfermedad, sobre todo en las fases iniciales.

Un tratamiento específico permite que los pacientes tengan una esperanza de vida prácticamente similar a la de la población normal, y puedan desarrollar sus ocupaciones tanto profesionales, como los deseos genésicos, o las actividades de ocio y relaciones sociales y familiares.


MAT-ES-2200797 Diciembre 2022

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