Compaginar el trabajo y la esclerosis múltiple

Paula Bornachea
Paula Bornachea
Paula Bornachea

Tener un trabajo, como cualquier persona, es una de las actividades más habituales que nos hacen sentir cierta normalidad en nuestra vida, nos acerca a un tipo de vida social, unas rutinas, nos hace relacionarnos con otras personas y aportamos un valor a la sociedad. Pero sin duda, es una de las circunstancias que más quebraderos nos da por diversas razones: la obligación de convivir con ciertos síntomas como la fatiga o las secuelas en horas de trabajo, el estrés y cansancio que luego tenemos que combatir, o no tener tiempo para hacer deporte, quedándonos con la sensación de que no nos estamos cuidando, o que el trabajo nos está costando la salud, o que estamos viviendo para trabajar. 

Resulta complicado encontrar un trabajo que se adecue a nuestras necesidades, que con el paso del tiempo pueden ir cambiando (tenemos épocas mejores y otras peores);  y quizás, las adaptaciones que llevaste acabo en su día, ahora no te sirvan y tengas que pensar otras opciones. Es difícil encontrar un equilibrio emocional entre querer trabajar, la fatiga (o más síntomas) y las ventajas que nos proporciona el trabajo (económicas, sociales, profesionales, …). Incluso hay personas que prefieren no decir que tienen esclerosis múltiple, por miedo a ser despedidos o percibir cierto rechazo por parte de sus compañeros. Además de la incomprensión que puede aparecer, al solicitar ciertas necesidades o adaptaciones en un intento de mejorar tu relación laboral.

Para compaginar el trabajo con la esclerosis múltiple, me ha ayudado: reducirme la jornada, descansar entre horas, tener preparadas una batería de actividades más mecánicas para aquellos días en los que me encuentro peor, organizarme mucho y partir las tareas en otras más pequeñas, evitar el estrés y contar mis necesidades y/o adaptaciones, que aunque no siempre ha sido posible, por lo menos se ha intentado (por ejemplo una mejora en el horario).

A lo largo de estos años, he intentado que pesasen más las bondades que me aporta el trabajo, que lo que me quita. En ocasiones, me ha costado ver las ventajas, y han sido muchos los días que me han dado ganas de dejarlo. Es muy habitual que cuando estoy trabajando quiero dejar de hacerlo, y cuando no lo estoy, quiero volver cuanto antes, convirtiéndose en un quiero, pero a veces no puedo. Pero cuando estoy bien, me viene genial, y cuando estoy mal, intento buscar la manera de mejorar porque me hace sentirme una más. 

Paula Bornachea

Septiembre 2018