¿Cómo influye el clima en la esclerosis múltiple?

Antonio Yusta

Para sufrir de EM se han implicado factores genéticos y ambientales. Mientras que el 30% se debe a factores genéticos, el 70% restante son debidos a los ambientales.

Entre estos últimos se han implicado a las infecciones por determinados virus como la del virus de Epastein-Barr (que produce la mononucleosis infecciosa) y determinados estilos de vida como el tabaquismo, la obesidad en la adolescencia,, el consumo de sal, etc,.  En los últimos años se han estudiados otros factores ambientales como los climáticos. 

Así se ha observado que en climas del hemisferio norte, cuanto más alejados del ecuador, mayor es la prevalencia de la EM. Esto podría tener relación con la cantidad de horas de exposición solar. Cuanto menos horas de esta exposición intraútero, mayor probabilidad de sufrir de EM. 

También estos factores climáticos explicarían, en parte, el porqué adquirimos la probabilidad de sufrir la EM de la zona geográfica en la que hayamos vivido los primeros 15 años de nuestra vida, aunque después de esa edad nos traslademos a otro lugar. 

Uno de los factores climáticos que más influyen en el paciente con EM, es el calor. El calor ambiental va a hacer aumentar la temperatura corporal y puede producir un empeoramiento de los síntomas de un brote previo (el llamado fenómeno de Uthoff), en más del 60% de los pacientes. Pero sobre todo va a intensificar la sensación de cansancio y de “fatiga”.  Este síntoma es uno de los que más intensamente va a afectar la calidad de vida del enfermo con EM. Si además se asocia un una alta humedad, dicha sensación de cansancio va a empeorar todavía más, al disminuir la sudación corporal que evita el aumento de la temperatura corporal. 

Para aliviar y mejorar esta sensación de cansancio intensificada por el calor, es importante evitar el aumento de la temperatura corporal. Se evitará la exposición directa al sol, realizar las actividades físicas a primera hora de la mañana o última de la tarde (cuando la temperatura ambiental es menor), se harán breves descansos cada hora u hora y media de 5 o 10 minutos, en un lugar fresco y aireado. Otra manera de bajar la temperatura corporal es tomar una ducha de agua templada a medio día y a media tarde y beber abundantes líquidos fríos. 

Hay que tener en cuenta que si hacemos un viaje transoceánico, el cambio brusco de zona horaria puede aumentar el cansancio de manera transitoria.

El empeoramiento de los síntomas o la intensificación del cansancio suele aparecer sobre todo en los primeros años de evolución de la EM, conforme van pasando estos años, el calor va a tener menos  pael en la fatiga. 

Cuando nos vayamos de vacaciones debemos de organizar el viaje con antelación. Si vamos a un sitio cálido deberemos de tener en cuenta las medidas anteriores. Si tenemos movilidad reducida se debería de comunicar a la agencia de viajes o al hotel donde vayamos a residir, nuestras necesidades. También es conveniente viajar con un seguro médico de viaje. 

Si viajamos a una zona en la que se requiere una vacunación determinada, se debe de saber que no se ha demostrado que la vacunación aumente el riesgo de sufrir un brote de EM. Si esta sometida/o a un tratamiento inmunomodulador, teóricamente la vacuna podría ejercer menos efecto que en las personas no sometidas a dicho tratamiento. 

Con unas prevenciones adecuadas, el paciente con EM no tiene porqué renunciar a ningún viaje y mucho menos a unas vacaciones fuera de su lugar habitual. Además hasta psicológicamente es muy recomendable el cambiar de ambiente y conocer nuevos lugares y personas. 

Antonio Yusta Izquierdo.

Septiembre 2018