Antonio Yusta
Antonio Yusta
Dr. Antonio Yusta

La EM se diagnostica normalmente entre la tercera y cuarta décadas de la vida (entre lo 20 y los 40 años). Con los nuevos tratamientos y la mejoría de los cuidados sanitarios, la gran mayoría de los pacientes con EM van a alcanzar la vejez. Sin embargo hay un grupo de pacientes en los que la EM se inicia en edades más tardías, más allá de los 50 años. Esta EM tendrá, con mucha probabilidad, una patogenia diferente. 
El inicio de la EM después de los 50 años, en muchas ocasiones, es un reto diagnóstico, ya que puede manifestarse clínicamente con síntomas poco comunes, muy variables, vagos y confusos. También es frecuente que coexistan enfermedades como la hipertensión arterial (HTA) que pueden dar imágenes en la resonancia magnética encefálica  parecidas a las que produce la EM. Además, los cambios en la función hepática y renal tendrán que tenerse en cuenta cuando se intenten tratamientos modificadores o sintomáticos de la enfermedad.  

La prevalencia de la EM de inicio tardío no es desdeñable, se sitúa entre el 5 y el 10% de los pacientes con EM. También las mujeres van a ser más afectadas, en una proporción 2/1, a los hombres. 
Aunque el curso clínico de la EM es impredecible, algunas observaciones han encontrado que la EM de inicio tardío tiende a tener un curso más progresivo y con mayor afectación motora (en el 37% de estos pacientes). También sufren más riesgo de depresión en los años siguientes al diagnóstico. 

TRATAMIENTO:

La meta del tratamiento en la EM de inicio tardío es disminuir el número de brotes y prevenir la discapacidad. Hay que tener en cuenta que la recuperación espontánea es rara cuando las alteraciones neurológicas producidas por un brote, duran más de seis meses. No se conocen terapias que promuevan la regeneración y reviertan estas alteraciones neurológicas de este tiempo de evolución. Por lo tanto, las terapias modificadoras de la enfermedad se deberían de considerar antes de que estos déficits neurológicos se hagan fijos.

La decisión sobre qué tratamiento, deberá de ser individualizada y basarse tanto en el curso que tiene la enfermedad (con más frecuencia progresivo) como en la posibilidad de que sufra una discapacidad importante muy temprano. 

El 50% de estos pacientes van a tener un curso recidivante- remitente, que es cuando más efectivos son los tratamientos inumnomoduladores actuales. Son muy poco efectivos o no los son en la fase progresiva sin brotes. 

Hay factores clínicos y de la imagen obtenida por resonancia, que nos hacen intuir un mal pronóstico. Así en pacientes con un gran número de lesiones en la resonancia magnética, sobre todo si están localizadas en el tronco cerebral o la médula espinal, la probabilidad de que se alcance una mayor discapacidad es alta y, por tanto, se debería de iniciar el tratamiento modificador de la enfermedad  lo antes posible. 

A partir de los 50, son más frecuentes algunas enfermedades como la diabetes mellitus, la HTA, etc. La comorbilidad de estas patologías, pude complicar el tratamiento de los brotes, ya que se utilizan altas dosis de corticoides y estos, pueden provocar una descompensación de las cifras de glucosa en la sangre, así como elevar la tensión arterial. 

También la utilización de tratamientos orales para mejorar el aumento del tono muscular (espasticidad), el tratamiento del dolor, etc. pueden acarrear efectos secundarios que se toleran peor que etapas más tempranas de la vida. 

Con relación a los tratamientos modificadores de la enfermedad, se pueden utilizar de la misma manera que en los pacientes más jóvenes y se deberán de tener los mismos controles que en estos. Un aspecto favorable es que el riesgo a un embarazo durante el tratamiento con estos fármacos es casi inexistente.
Se puede concluir que la EM de inicio en personas de más de 50 años, es más frecuente de lo que se creía, los síntomas iniciales pueden presentar un reto diagnóstico, que el curso tiende a hacerse progresivo antes que en los más jóvenes y que se debería de iniciar el tratamiento modificador de la enfermedad antes de transcurridos seis meses desde el inicio de un déficit neurológico que no mejora. 

Dr. Antonio Yusta Izquierdo